La Revolucion en Mexico no tiene estado: Magon, Cárdenas, y Ayotzinapa

One of my favorite spanish essays I’ve written. Magón was right, we shouldn’t have allowed ourselves to believe we need a state inconsiderate of the people’s needs in times of crises.

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REUTERS/GINNETTE RIQUELME

 

El movimiento de la independencia mexicana logró en expulsar la monarchia Española sin ser capaz de prevenir las décadas de concentracion política que iba a ser perpetrada por un orden capitalista y desafiada por movimientos insurreccionales. La dictadura inminente de Porfirio Díaz, entre 1876-1910, no simplemente creo la necesidad de incitar una revolución nacional, sino tambien iba siendo atacado por medio de los pensamientos anticapitalistas de pensadores mexicanos creando una oposición al estado mexicano anos anteriores. Después de la creación del Constitución de 1917, una estrategia política de incorporar valores de la Revolución mexicana, la revolución y el movimiento anti-opresiva que conlleva fue apropiado por las reformas del estado mexicano que nunca configuró la posición del ciudadano en relación al funcionamiento del estado. La Revolución en México no puede tener estado porque su institucionalización es dirigida por la agenda capitalista que desea conquistar el derecho de vivir y subyugar las clases bajas, laborales, y rurales a la explotación que sostiene proyectos de modernización económica. El autoritarismo del estado mexicano que siguió desarrollando a lo largo del siglo veinte incito la necesidad de rebelarse contra un orden estatal que oprime la libertad individual que una revolución regenerada intenta solidificar y proteger. La última meta de una Revolución en México es poder definir como uno quiere vivir en la sociedad que habite.

Antes de la Revolución y entre las dos décadas que siguieron el resultado de la revolución mexicana, se produjo una ruptura en cómo las funciones del estado eran percibidas por la sociedad. En el año 1910, Ricardo Flores Magón publicó una llamada a la guerra en su panfleto anarquista Regeneración que estuvo en contra el despotismo de la tiranía militarizada que invadía los libertades personales. Como veinte años después, el general Lázaro Cárdenas es elegido presidente de la república para prevenir la concentracion del poder gubernamental de sus predecesores quienes se hicieron indiferentes a las necesidades de una ciudadanía desesperado por estabilidad. Lo significativo del manifiesto magonista y las reformas cardenistas es que tomaron la iniciativa de explicar cómo los ciudadanos mexicanos mantienen su autonomía para redefinir las relaciones que ellos y sus vidas tiene con el funcionamiento del estado. Los dos figuras políticas implementaron diferente medidas en generar la necesidad de entender el derecho a la rebeldía que es necesario para desafiar al mismo estado que desgraciadamente oprime las condiciones de vivencia de los ciudadanos. Magón dice que “la revolución es inminente: ni el Gobierno ni los oposicionistas podrán detenerla” para mostrar que ningún estado comprometido es capaz de satisfacer este impulso (1910, 30). Cárdenas, por otro lado, dirigió el estado a poder satisfacer necesidades por medio de sus reformas que intentaron aliviar el descontento popular heredado de sus predecesores. Aunque mantienen un contraste en cómo perciben el papel del estado en el ambiente de revolución política, las palabras anarquistas de Magón y las reformas institucionales de Cárdenas son recursos que ayudan a desafiar la dirección del gobierno que se ha dedicado a satisfacer poderes económicos en vez de las necesidades de un pueblo despierto. Decadas despues, vemos que los administraciones que son obligados a ejecutar elementos constitucionales, siguen oprimiendo las movilizaciones con valores anticapitalistas.

El discurso magonista ha demostrado que una Revolución no se lleva a cabo mediante una simple transferencia de poder gubernamental debido a la cantidad de ciudadanos que siguieron marginados por esta negociación política. Magón explica que la opresión que han sufrido los pueblos mexicanos es debido a los hombres del gobierno y que sus ciudadanos han “quedado subordinados al solo deseo del cambio en la administración pública” (1910, p. 29). Esto fue publicado en su segundo capítulo, después de explicar la regeneración de la voluntad en redefinir el significado del estado y agencia ciudadanía. Magón asumió que todo los miembros de las clases oprimidas estaban cegados por esta ilusión democrática y trato de ilustrar la forma en que siguen subordinados a algo que parece más prometedora. Las revoluciones tenían la tendencia de ser terminados por una derrota militar o por concesión de una nueva representación de clases altas que deseaban preservar el poder del estado. Este anarquista anticipo esto mientras el estadista de Michoacán intentó refutar este nivel de desconfianza con el estado que sólo se intensificó por comunidades rurales como Ayotzinapa, Guerrero.

El gobierno y presidencia de Cárdenas ha mostrado que las metas revolucionarios si se pueden implementar mediante un poder ejecutivo que desea apoyar políticamente a las clases de mexicanos que han sido marginalizados. Cardenas experimento más de quinientos huelgas en los primeros seis meses de su gobernación por el descontento de los trabajadores que resistieron el maximato, un periodo donde el presidente predecesor que mantiene control sobre el poder presidencial. Carlos Martínez Assad, en su artículo sobre Cárdenas, reportó que Calles denunció las huelgas que el presidente apoyaba, reclamando que “no hay en ellos etica, ni el más elemental respeto a los derechos de la colectividad” para mostrar la desaprobación por un poder nacional (p. 23). La crítica elitista del presidente anterior justifica la afirmación de Magón en su argumento de que las sucesiones políticas sólo conservan a una cierta clase en el poder ejecutivo. En respuesta a la amenaza política de Calles, Cárdenas lo envió al exilio, junto con otros símbolos de poder concentrada, no solo para demostrar su control del estado, sino también para desaprobar la noción de que el gobierno es incapaz de ser autónomo de los intereses elitistas. El control del estado ejercida por el cardenismo muestra que fue capaz de expulsar elementos de corrupción política. Desafortunadamente, su legado también experimentó límites en poder garantizar esta actitud política en las administraciones sucesivas.

La represión que han recibido los normalistas del estado de México muestra como elementos de la revolución mexicana, programadas en las agendas y nombres de partidos políticos, siguen oprimidos por una plataforma de desarrollo capitalista. Las escuelas normales fueron creados para ser laboratorios de apoyo político al gobierno que estuviera sosteniendo la educación socialista de los normalistas, que son hijos e hijas de familias campesinas. Después del sexenio cardenista, administraciones explícitamente capitalista tomaron la presidencia y empezaron abandonar las escuelas normales porque la educación socialista y transformación personal que el cardenismo promovió estuvo en contra del desarrollo nacional que deseaba establecer. En su ensayo “Memories of Justice: Rural Normales and the Cardenista Legacy”, Tanalis Padilla reporta que “…it was the state itself that now attacked them closing fourteen of the country’s twenty-nine rural normales in 1969 (p. 31). The privileged position Cardenas had assigned them was officially a thing of the past” para enfatizar las diferencias en cómo cada administración trataba a estudiantes rurales que deseaban ser maestros. Aunque el crecimiento personal iba apoyado por un fase del estado, la sucesión del poder concentrado no toleraba el anticapitalismo de los estudiantes que criminalizan como comunistas. La revolución educativa que permitió la transformación política de los normalistas fue cuestionado por la incertidumbre del legado cardenista que atentó de reformar el funcionamiento del estado.

Era necesario convencer a los pueblos mexicanos de esta ilusión democrática para poder disolver esta tradición de perpetuar la jerarquía opresiva y política por medio de elecciones presidenciales. Por esta razón, Magón dedicó su publicación de Regeneración a enfatizar la necesidad de crear una conciencia que permitiera a su audiencia redefinir su rol en ayudar a dirigir la transformación nacional, oprimidas por décadas de la inestable pax porfiriana. Magón explica que este movimiento regenerado “es caricia y es alivio para el que trabaja y el que sufre, es fusta y es castigo para los que oprimen y explotan” porque es un proceso de despertar en el cual las clases oprimidas ahora se dedican a entender y cambiar las implicaciones de su ciudadanía en medio de un cambio social (1910, p. 27). Esto ilustra la desigualdad del poder que existe entre las diferente clases con la intención de probar que este movimiento revolucionario no desea ofrecer ningún beneficio a los elitistas capitalistas que oprimir a mujeres y los trabajadores del campos y la industria. Además, este castigo es reconocer “[…] con horror con que fuerza, con que implacable destreza hemos dejado caer el látigo sobre sus lomos” para enfatizar que la revolución regenerada por consejos magonistas si es una amenaza al orden estatal (1910, p. 27). Esto es planteado para inspirar el reconocimiento de la posibilidad en poder derrotar a esta jerarquía represiva y redefinir las dinámicas políticas que esta nueva forma de actuar puede ayudar futuros generaciones a alcanzar.

La inestabilidad nacional que siguió después de la creación del estado moderno  constitucional mexicano requería un gobierno centralizado que pudiera evitar más caos que realizará el desarrollo del país. Magón, en cambio, escribía contra el control que un estado mantiene en la sociedad durante el periodo de tiempo cuando ningún orden constitucional existía para combatir la inestabilidad social. La violencia que se extendió mucho más allá del año 1920 agotó a la joven república con ganas de construir un gobierno que asumiría la responsabilidad de mantener un orden social y proyecto de desarrollo nacional. Es por esta razón que Cárdenas tuvo que establecer principios gubernamentales capaces de prevenir otra guerra de clases incitado por las desigualdades del capitalismo. Por ejemplo, Assad mencionó que días después de que Calles denunció la gobernación de Cárdenas, este “aceptó toda la responsabilidad por las condiciones existentes en el país” reclamando explicitamente que tiene “plena confianza en las organizaciones obreras y campesinas del país y espero que sabrán actuar con la cordura y el patriotismo que exigen los legítimos interés que representan” (p. 24). Hasta este momento en la historia de México, los trabajadores industriales nunca había tenido un presidente que ha legitimado sus acciones contra funciones del estado porque los que han estado en poder solo han sido dictaduras capitalistas que hicieron priorizar al orden estatal, pero no a la nación en general.  En el contexto de su campaña presidencial, se creó la Confederación General de Obreros y Campesinos de México por el líder sindical Vicente Lombardo Toledano, que constituye un base de apoyo crítico, con la intención de “crear un solo frente que tuviera por finalidad defender con más eficacia los intereses del proletariado” que estuvieron en oposición al desarrollo de la modernización (p. 22). La jerarquía que Cárdenas ha mantenido y que el magonismo denunciaba fue apoyado por un gran parte de los mexicanos porque Cárdenas dio la impresión de que el estado es capaz de dar prioridad a los intereses populares antes de los que son marginalizados por oficiales elegidos. El estado actual de México no ha transmitido las implicaciones del cardenismo porque sigue criminalizando la educación socialista de los estudiantes normalistas.

Las escuelas normales y su sostenimiento depende en el mismo gobierno que los utiliza para mostrar su compromiso a la educación público y que sigue en contra de los ideales que enseñan. La Revolución que ocurre en México durante 1910-1920 resultó en obligaciones constitucionales que prometió modelos educativos que iban ser dedicados a ayudar las luchas sociales del los comunidades rurales en México. Fue el jefe de estado Cardenas que añadió una dimensión política a la identidad normalista “by elevating teacher’s 1920s role from one of agents of national consolidation to one of foot soldiers in the battle for a more just order” que era necesario para movilizar una defensa campesina contra elitistas políticas (Padilla, p. 4). Esta relación entre el estado y la sociedad rural negocio la el proyecto revolucionario estatal sin reformar las posiciones gobernantes que una revolución regenerada no solo deseaba cambiar, sino destruir totalmente por su represión perpetuado.

Todo cambió, drásticamente, cuando la guerra fría, entre los años 1960’s-1970’s, se ensucio de corrupción y represión explícita por parte de oficiales mexicanos. Por ejemplo, John Gibler, en su capítulo “The Historical Continuity of Conquest and Revolt”, explica como Lucio Cabañas “escaped and formed an armed self-defense forces that evolved into the Party of the Poor (Partido de los Pobres), a guerrilla army that ambushed military and police convoys in the mountains […]” in response to the repression of teacher and student protests (p. 46). La revolución que fue institucionalizada por este partido político reveló las verdaderas intenciones de su orden estatal que era lograr el control de la población rural que iba mostrando su intolerancia de un estado hipócrita. El caso de los 43 normalistas que fueron desaparecidos el 26 de septiembre, 2014 han perdido confianza en las instituciones estatales solo despliega la misma represión experimentado durante esa época oscuro. El valor de estos estudiantes es reducido a un función laboral que desafía la Revolución que ellos mismos quieren continuar en la ausencia de una prioridad al capitalismo.

La diferencia en cómo Magón y Cárdenas hablan sobre la rebeldía que los campesinos y trabajadores industriales mostraban por todo el país revela el papel que cada uno piensa debe tomar el gobierno en contacto con una revolución. Magón, en su texto, La revolución, dice que “debemos tener presente que ningún Gobierno puede decretar la abolición de la miseria” para enfatizar que ninguna sustitución de gobierno va a poder garantizar la eliminación de las desigualdades creadas por la elite política del país (1910, 90). Además, esto muestra que no cree el funcionamiento de un gobierno cultivado por herencias políticas y el roce elitista. Al contrario, en la declaración de Cárdenas en el párrafo anterior, el presidente menciona que espera un patriotismo en su rebeldía nacional, indicando que a lo mejor solamente apoyaba estas huelgas porque representaban intereses que él compartía. Aunque temporalmente, durante el sexenio de Cárdenas, el gobierno pudo garantizar mejor reconocimiento de la luchas sociales iniciadas por sus constituyentes, sin embargo, el escepticismo magonista en el poder estatal fue probado con los poderes conservadores que sucedieron a esta administración.

El estado reformista y cardenista logró forzar al gobierno a responder a su ciudadanía durante su gobierno, pero falló en no poder ayudar a sus ciudadanos en evitar su dependencia sobre el funcionamiento y el apoyo del estado. A diferencia del anarquista intelectual, Cardenas no critico la jerarquía del estado porque era esa posición institucional que le permitió poder tener la autonomía estatal que le diera la oportunidad de evitar caos social por implementar reformas institucionales y reconocer la necesidad de terminar la explotación que solo pudiera iniciar otra guerra. Por ejemplo, los normalistas representan un elemento revolucionario para la programa educativo que desarrolló el PRI y aspiran ser maestros en condiciones empobrecidos. En su ensayo “Estado de Excepción: Marx y Lacan en Ayotzinapa”, David Pavon-Cuellar argumenta que el estado mexicano “les pide a los estudiantes que se pongan a trabajar, como si estuvieran descansando mientras manifiestan su inconformidad, como si no hubiera trabajo en sus protestas, sus asambleas, sus colectas de recursos y sus otras formas de militancia” (18). Esto muestra cómo el gobierno no reconoce los manifestaciones de los normalistas por la justicia social digna de recibir más apoyo o participación en orden gubernamental que puede ser dirigida lejos del capitalismo.

El triunfo de la Revolución que Magon imaginaba solo será posible si las clases oprimidas pudieran visualizar la nueva realidad en donde su agencia sustituyeran la gobernación del estado, construida socialmente como  un poder elitista en la sociedad mexicana. Magón tenía una manera asombrosa de ilustrar el verdadero potencial de los miembros de la sociedad reprimida por autoritarismo y exclusión de participación política. El anarquista explica que “[…] los marrazos de los mercenarios del César no encontraran el pecho inerme del ciudadano que ejercita sus funciones cívicas, sino las bayonetas de los rebeldes prontas a devolver golpe por golpe” para colocar a estos ciudadanos en este escenario (1910, 28). Su público atemporal se convierte en un cofre implacable,no sólo para inspirar a reconocer su fuerza, sino también para la reivindicación de que la revolucion no sera detenido por los conflictos de los interés del poder que ha preservado la élite o los generales militares. Las falacias de cambios estructurales anteriores se debió a su incapacidad de poder tocar fondo con los diferente grupos de personas que deseaban iniciar una revolución mexicana. Lo que Magon estuvo tratando de hacer era demostrar que no hay una estructura de poder que sea digna de confianza y que deben ser los ciudadanos, como los normalistas de Ayotzinapa, los que reconozcan esto con la nueva conciencia anti-opresiva acompañada con la voluntad armada.

Las demandas de los diferente movimientos revolucionarios en México fueron capaces de llegar a ser actualizado por las iniciativas gubernamentales instituidas por el presidente Cárdenas. En su capítulo Una cierta idea de México: Presencia, nostalgia y persistencia del cardenismo, Adolfo Gilly menciona que las dos grandes reformas del reparto agrario en 1936 y la expropiación petrolera de 1938 eran iniciativas que redefinieron relaciones entre gobierno y población mexicana (601). Aunque no hubo cambio de poder del ciudadano en relación con el poder que mantenía el gobierno, el cardenismo iba cambiando la realidad en que un gobierno asumido completamente corrupto por intereses privados, puede tomar la acción de implementar estas reformas. Magón reclama que las bayonetas del descontento popular mexicano estarán listas para resistir el poder concentrado del estado y esto cuestiona si serán apuntadas al proyecto estatal que Cárdenas ejecutó. El cardenismo, su énfasis en corresponder su gobernación con las necesidades de los pueblos marginalizados, trato de calmar el pecho que Magón trató fuera impedir fuera manipulado por intereses elitistas. Este fue para mostrar cómo se podría institucionalizar los intereses de los que están fuera del poder político para fomentar una mayor confianza entre una relación necesaria para sostener la legitimidad gubernamental.

La autonomía que Cárdenas fue capaz de garantizar que existe entre el gobierno y los interés del elite nacional era necesaria para contrarrestar la reivindicación intelectual de Magón de que ninguna estructura de poder jamás podría garantizar las libertades de las clases bajas y que esto solo se podría lograr a través de estos pensamientos, una revolución armada, la resistencia estudiantil, o por la autonomía política. Los hijos de campesinos que fueron desaparecidos hace uno año y medio refleja un límite en como un régimen en poder puede representar elementos revolucionarios y institucionalizados cuando sigue prohibiendo que soldados cómplices sean entrevistados por investigadores y comisiones internacionales. Pavon-Cuellar, en detallar quien verdaderamente eran estos estudiantes, dice que “[…] son los que más dan, más necesitan y menos reciben” para ilustrar el tipo de correspondencia que recibe por el estado que está obligado a financiar mejores condiciones educativas las escuelas normales (10). Aunque Cárdenas tomó la iniciativa de redefinir la significación de la identidad normalista, sus sucesores como ex-presidentes Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, y el presidente Enrique Peña Nieto. Es esta falta de voluntad política que les convencen a ciertos grupos de mexicanos reconocer la necesidad de combatir contra las desigualdades sin el ayuda estatal.

Los tiempos posrevolucionarios de Mexico todavia experimentaron violencia iniciada por la violencia de causas sociales que aún no han sido solucionadas. Gilly define esta violencia desde abajo que “es venganza de agravios antiguos y valoración de existencias y voluntades presentes” dispuestos a seguir desafiando el orden del gobierno que está facilitando la modernización de una estado desigual (592). Cárdenas reconoció y simpatizo con el descontento nacional que mostraban campesinos y trabajadores industriales porque el elitismo burgués-nacionalista que ha mantenido el poder no ha tomado precauciones para evitar pésimas condiciones laborales. En el caso de esta administración, la ciudadanía ya ha estado liderada por palabras magonistas y zapatistas, y lo que era necesario era demostrar que el estado puede ayudar al pueblo a alcanzar el cambio que ellos deseaban. La educación que Cárdenas expandió en su estado Michoacan y al nivel nacional durante su sexenio promovió el entendimiento del poder del ciudadano, pero a través de la necesidad de estar alineado a las causas que está apoyando el estado porque los obreros y campesinos mantenían el poder de imponer efectivamente el funcionamiento de la economía y ahora, la imagen internacional del estado.

Guerrillas surgen en respuesta a un abandono del estado que ha fallecido en servir los interés y necesidades de clases marginalizadas afuera de centros de modernización. El cardenismo logró en redistribuir tierra pero no en el poder administrativa que podía asegurar la prolongación de este acceso institucional a las hectáreas que ayudaba las vidas de muchos comunidades campesinas. El documental “La guerrilla y la esperanza: Lucio Cabañas” narra como este alumno de la escuela normal Raúl Isidro Burgos reveló las disparidades entre su gobierno y su comunidad por medio de armar su gente. La mala calidad de la educación en comparación con los que estuvieron ubicados en áreas urbanas fue un motivo, con Padilla reportando que “[…] in the mid-1960s, 70 percent of rural schools had only first through third grade, a professional education was beyond the reach of most youngsters” living in rural areas (26). La dirección capitalista que gobiernos durante este tiempo tomaron explícitamente mostrarán cómo trataron de privar estos estudiantes del tipo de educación que les podría dar más acceso al gobierno y la posibilidad de desmantelar el poder concentrado arraigado en el estado mexicano. Guerrilleros como Genaro Vázquez y Cabañas fueron traicionados por tratar de confiar en los intenciones del gobierno en negociar resoluciones y este legado de represión gubernamental es evidencia en cómo el estado responde a los ciudadanos que interrumpen su agenda capitalista.

La necesidad de priorizar la anulación de las desigualdades que sufre clases explotadas siempre han sido ignorado por la gobernación preocupado en preservar un orden político en particular. El anarquista intelectual ayudó a plantear los elementos precursores para una verdadera transformación nacional cuando ofreció educar a los diferente grupos de mexicanos de porqué deberían revaluar su posición con el estado. Documentando el progreso revolucionario cinco años después en Artículos políticos, Magón reveló que los logros de la revolución no radican en poder “elegir un presidente, sino algo más serio, algo más trascendental” la conquista del derecho de vivir […]” debido a las desventaja del progreso humano que la autoridad estructural fomenta (1915, 82). Debe obligar a su audiencia a reconocer cuando trata de su derecho a vivir y esto era necesario para provocar un profundo reconocimiento de la necesidad de imaginar maneras diferente en medio de una revolución sangrienta. Al ilustrar esta tiranía como una invasión al derecho de vivir, Magón trato de apelar al sentido moral de la gente que el creia solo eran capaces de redefinir las funciones del estado.

El cardenismo no ignoro la desigualdad en las clases sociales de México y su sexenio se dedicó a resolver muchas desigualdades producidas por años de elitismo que rigió la reconstrucción del país. El liderazgo de Cárdenas funcionó para producir razones en porque el pueblo mexicano debe de regenerar la fe que ha perdido en el centralismo del estado. Similar a Magón, ofreció educar diferente facciones de la población mexicana por medio de su expansión de un sistema de aprendizaje que los iban valorar como personajes capaces de contribuir al dirección del estado mexicano. Sin embargo, nunca tomó la iniciativa de sustituir miembros de su gabinete, oficiales de alta clases, con representantes de los diferente niveles de sociedad que estuvieron manifestando sus demandas durante este tiempo. Además, en respuesta a las 647 huelgas que ocurrieron en 1936, Cárdenas dio 14 puntos en los que expresó un cambio de la operación en el sistema político mexicano, sin olvidar enfatizar en el punto tres que “el gobierno es el árbitro y el regulador de la vida social” (Assad, 26). Entre los cambios que Cárdenas estaba tratando de apoyar por medio de su control de los instituciones del poder estatal, las reformas cardenistas les quitaba el derecho a vivir a las clases marginalizadas porque asumió el poder de garantizar su protección y prolongación. El cardenismo priorizo el funcionamiento del estado Mexicano no solamente para satisfacer más del pueblo capaz de desafiar su legitimidad, sino también para tomar el poder de definir cuales son las condiciones de vida que son determinadas por el apoyo que ofreció el gobierno capitalista.

El estado mexicano no debe tener ningún derecho de definir el derecho de vida de sus ciudadanos porque a su agenda neoliberal le importa más el sostenimiento de sus proyectos de desarrollo modernizado en vez de las condiciones deterioradas de la vivencia que sufren los mexicanos anticapitalistas. El estado posrevolucionario de México trató de presentarse como la encarnación de los ideales revolucionarios porque lograron establecer unos elementos en la constitución que sigue establecido, pero que mucho más cambios orientado al orden neoliberal. Pero esto es imposible simbolizar cuando oposiciones a la corrupción entre compañías de petróleo y represión estatal en comunidades en el estado de Guerrero reciben una represión brutal y contrarrevolucionario. En referencia a los 43 normalistas, Pavon-Cuellar pregunta si “Podemos decir entonces que fue por anticapitalistas y antigubernamentales que los estudiantes fueron asesinados?” porque esto estudiantes no eran narcotraficantes ni asesinos de figuras estatales (8). La necesidad de que estos estudiantes evitarán el pago de los servicios de autobús y el derecho a la protesta contra la negligencia institucional se trataría de un movimiento revolucionario que no será limitado por la burocracia exclusivo. Una revolución regenerada es constituida por un enfoque en desarrollar la autonomía anti-opresiva que el proceso de institucionalizar la revolución invade y manipula para servir interés lejos de las masas. Los movilizaciones que los familiares de los normalistas desaparecidos siguen organizando intentan de no sólo redefinir la calidad y aplicación de una educación normalista, pero acentuar que es por la desconexión que el estado capitalista tiene con comunidades como Ayotzinapa que les permite criminalizar la exigencia de la verdad. Ayotzinapa, una encarnación de mucho sentimiento antigubernamental que tuvieron los magonistas antes de la revolución mexicana, explica la urgencia de crear alternativas al estado y de independizar de sus gobernación neoliberal.

Una revolución se prolonga fuera del control del estado debido a la inevitabilidad de que estos principios sean manipulados, sean de apropiados por movilizaciones para los propósitos de legitimidad o la prevención de permanecer fiel á sus compromisos reformistas. La oposición de Magón  a que el estado sea el regulador de la vida no debe descartarse como paranoid anarquista, sino más bien como un desencanto justificado con la forma centralizada que ha mantenido la regla y el desarrollo del gobierno. Cárdenas no debe ser denunciado por el grado de control que tenía sobre el estado mexicano, sino más bien apreciado por su voluntad de dar prioridad a los interes del dominio político por el bien de aquellos que están limitados de acceder el poder. Sin embargo, el proyecto político de Cárdenas mostró que ningún estado es capaz de asegurar los compromisos en una única administración. Los escuelas normales no han recibido la misma pasión que invierte el estado cardenista. Los partidos políticos que han logrado la presidencia mexicana no han mejorado las realidades que muestran los estudiantes y comunidades rurales capaces de vivir más feliz sin las regulaciones estatales porque siguen opresivas bajo una sistema electoral. Por lo tanto, el papel del estado no debe ser institucionalizar algo a lo que no puede permanecer fiel debido a la dependencia en otras personas para desarrollar este apoyo institucional. México permanece en la necesidad de una revolución fuera del estado porque los mexicanos se hacen responsables de la realización de que el estado ha fracasado en soportar sus visiones revolucionarios para una sociedad que todavía sigue con la necesidad urgente de redefinir las relaciones entre el estado y el pueblo consciente y regenerada.

Author: hastalavictoriablog

Contact: Chrislopez2012@gmail.com Lopezone23@berkeley.edu

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